domingo, 28 de octubre de 2012

La ansiedad. La ansiedad que por supuesto existe siempre, dentro de lo común, de lo normal, dirían, pero que sólo alcanza su potencial máximo y más peligroso, que sin embargo no representa peligro real alguno, cuando pienso en ella. En ella y en el futuro. Un futuro que tiene tantas probabilidades de no existir como de sí. Más, incluso, quizá, de no. Pero eso a fin de cuentas es irrelevante, ya que ni una situación ni la otra, por más parcial que pueda ser yo en mis esperanzas y deseos, me evitará que hoy, ahora, en este momento, y en el futuro cercano y previsible hasta el esperado viraje por sí o por no, esa ansiedad me carcoma. Como dije, no presenta peligro real, pero con ello quizá me refería más a algo físico o expuesto, demostrado. El dolor existe igual, esa ansiedad duele. Y como dije, me carcome. Me carcome, y es horrible, y es, ante todo, innecesario - y cabe destacar, autoinfligido. Sé que es normal y mundana una ansiedad en un período de cortejo, si así me permito llamarle, con las incertidumbres e incógnitas que plantea (es mi opinión que si no se dieran estos misterios, no valdrían la pena ni el proceso ni el resultado.) Entonces, repito, sé que es normal tal ansiedad... Pero en mí es diferente. En mí no es cuestión de esperar y sacarse la duda. En mí es una explosión perpetua y repetidamente detonada, que en cada nueva expansión larga hacia todos lados, en todas maneras y dimensiones, pequeños fragmentos de metralla, metralla que es ideas, pensamientos, pero principalmente, teorías... Teorías conspirativas escritas, fundamentadas y concluidas por mi mente - es decir, por mí mismo. Y yo, el yo con el que más contacto siento, el yo que "controlo", que no es el mismo que produce tales teorías, sin embargo, cree todas y cada una de estas construcciones falsamente argumentativas que profetiza mi mente. Por más contradictorias que fuesen entre sí. Si una teoría dijera "Ella te odia" y la otra "Ella te ama", mi mente encontraría la forma de venderme la conexión entre ambas, me diría "Ella odia amarte y ama odiarte, te odia para no amarte y te ama para no odiarte", y fin de discusión: mi yo aproximado/cercano compra. Es engañado, lo sé: no hay una atisbo de verdad en ninguna de las teorías que se me entregan por ese "genio maligno" descrito por René Descartes - no importa que tanto crea en ellas, conozco el vacío de las verdades que promociona. Puede que algunas de esas teorías se demuestren acertadas en un futuro: esto es irrelevante. Siguen siendo mentiras autoproducidas, ya que no existe ningún tipo de evidencia de su veracidad, y yo lo sé. Mi mente lo sabe, por ende yo lo sé, y lo sé. Y sin embargo, caigo. Porque me odio, Doctora, me odio. Aunque al verme a un espejo puedo esbozar una honesta mas tímida sonrisa, en algún plano de mi existencia, por más o menos superficial que pueda ser, me odio. ¿Por qué ese odio hacia la propia persona? Siempre hay cientos de motivos posibles para tal cosa, desde lo físico hasta, a veces, incluso, lo ajeno. Sin embargo ninguna de estas dos es fundamento ni explicación para mi auto-desprecio, ni tampoco lo parecen ser esos grises intermedios, que no incluyen ni la anatomía ni lo ajeno pero que se comprenden en el espectro dibujado entre uno y otro. Entonces, ¿por qué el odio, y por ende por qué la ansiedad? Mi teoría más plausible - y estas teorías no tienen nada en común con las distribuidas-por-explosión que describía antes ya que las produce mi yo-aproximado y no mi yo-autodestructor - es que estos horribles sentimientos hacia mí mismo parten de lo que se llamaría un "trauma", una marca de años atrás... Sin embargo no es tiempo ni lugar, no es contexto para tal monólogo de mi parte. Hablar de tales cosas sería contraproducente, generando más daños de los que ayudará a reparar - si hubiera tales. Por este motivo es que me obligo a parar de hablar ahora. Por mi propio bien, principalmente. No escuchará, Doctora, entonces, el fin de la historia, que hablando en serio y sin dramatizaciones, no es más que un conjunto de especulaciones autorelativas repletas de, basadas y envueltas en memorias. La aburriría si le contara ahora, en este lugar, Doctora, de ello, pero si por algún motivo le llegara a interesar, no tiene más que preguntarme fuera de este ámbito, y con gusto entablaré en esa profunda plática que tanto trataba evitar en el pasado, pero que tan bien me haría hoy día. En fin, como dije, me detengo, por mi bien y el suyo. Hasta la próxima sesión.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Qué ganas de hacerme la cabeza, por Dios. Ahora me siento el boludo más grande de la galaxia.

sábado, 6 de octubre de 2012

Siento que nada es suficiente para ella. Y lo peor: sé que ella no se siente así. Pero yo tengo ese asunto, esa interna entre lógica, sentimientos y realidad que me deja en general al borde, y en repetidas ocasiones adentro, del autoboicot. La paranoia. Qué difícil es convivir con esto. Pero se puede.

Decía. Al sentir que nada es suficiente, mejor dicho suficientemente bueno, que nada la va a satisfacer, se me hace difícil la cosa. Pero por mí sólo, claro. Es exclusiva culpa mía. Creo que esa idea se corresponde a la definición de un amor platónico, ¿no? El tema ese de ver a la amada como a un ser celestial inalcanzable, cual diosa olímpica. Es más, miento: en los mitos, aquellas divinidades eran más accesibles a los meros mortales de lo que es ella para mí. Eso dice mi mente.

Pero no es así, no es así, me lo repito y me lo tengo que seguir repitiendo hasta creérmelo por completo. Sin embargo, puedo anunciar con orgullo y satisfacción, pequeños y pequeñas lectores y lectoras (si los/las hay), que estoy mucho mejor en este campo que hace un tiempo, desde hace unas semanas. Ya la veo de vuelta como la persona que es, en vez de verla como esa idealización inalcanzable, perfecta que veía antes en ella. Eso es excelente, y creo que se debe a que ahora hablo de vuelta con ella, y regularmente. Así como un cristiano pide el pan de cada día, yo llegué a un punto en que me auto-planteo tener la charla con ella de cada día. Bah, charla no, al menos un intercambio. Un "hola", mínimo, y lo que surja a partir de él. Esto me está dando un excelente resultado hasta ahora... Y quiero creer que a ella le gusta más así, también.

Entonces sigo con eso, yo. Sigo pensando a qué invitarla el fin de semana que viene. Sí, de eso venía todo. A ver si ahora lo pienso de una manera un poco más objetiva.

Porque, acordate, Iván: ella es humana, una persona, una mujer.

No es una diosa del Olimpo.

Aunque, sí, tiene la inteligencia y belleza de una.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Volver

Oh sí, después de un año y algo, vuelvo. Y por algún motivo se borró la última entrada, anterior a esta. Afuera lo viejo y adentro lo nuevo, supongo!

Bueno, sí, así es, damitos y caballeritas. Volvió el gil que le escribe al éter y a las ánimas de la Internet. Ahora 100% más gracioso, y 420% más meloso y cursi. Enamorado, es decir. Decía el poeta que no existen los artistas enamorados, ya que el amor reemplaza la necesidad de expresar a través del arte.

A partir de hoy este blog se va a dedicar, de a una entrada por vez, a refutar a ese poeta.