lunes, 11 de mayo de 2015

A veces siento que la gente de mi entorno es más feliz mientras más lejos está de mí.

:/

miércoles, 7 de agosto de 2013

Gotas

Buenas noches. Yo soy todo. Y soy vos, yo soy ellos, soy nosotros, y soy ustedes. Mi naturaleza es la Naturaleza, y mi ley es la Ley. Mi ser abarca el todo, y la nada también. Soy perfecto, e imperfecto; soy completo, y sin embargo en esa completud se puede hallar el vacío, la inexistencia. Porque todo lo que es todo, incluye la nada, porque la nada, al ser, es parte del todo. No espero que lo comprendan, no, pues ustedes son... Sería inexacto decir que son nada, pero en relación a las maravillas que componen el resto de mi todo, ustedes son nada. Son minúsculos, irrelevantes, y en la práctica, inexistentes. Son... Gotas. Pequeñísimas, ínfimas gotas en la vastedad de mi Cosmos.

...Y sin embargo... Qué vacío sería este pozo infinito sin ese incomparablemente ínfimo charco de pequeñas gotas. Charco que, no tengan duda, es uno de muchos. Uno de millones. Uno de cantidades tan infinitas como mi expansión... Pero hay algo que no puede ser ignorado, y es el brillo de cada gota. Aunque uniformes en material y de composición químicamente indistinguible, ¿por qué cada gota brilla distinto? ¿Por qué no brillan todas a la par, con el mismo ángulo y la misma intensidad?

¿Quién les da derecho a las gotas, esas intrusas en mi extensión infinita, a tener ese tipo de identidad que le proporciona la luz? Y hablo de la luz porque es única. Y no proviene de mí. No estoy siquiera seguro de que sea parte de mí. Pero existe, allí está, y brilla, brilla sobre ustedes, pequeñas gotas. No tengo el menor interés en controlar esa luz, y en cualquier caso, no tengo la capacidad de hacerlo: no tengo poder sobre la luz. Sólo la observo, sé que existe, y me intriga. Pero su existencia es innegable, como lo es el hecho de que su luz las nutre a ustedes, míseras gotas. Y de maneras individuales, particulares, en un proceso que va más allá de mi comprensión o de todo análisis lógico o de procedimientos.

...Mientras reflexiono, la luz sigue allí. Yo sigo siendo infinitamente vasto, pero la luz... Sigue allí, un enigma eterno para mí. Mas brilla, les da su luz a ustedes, gotas. De maneras únicas, especiales, irregulares, sí; pero lo veo desde aquí, y no me cabe duda que todas y cada una de ustedes recibe algo de esa luz. No me atrevería a decir que son iluminadas en cantidades equivalentes, porque si lo hiciera no estaría siendo exacto, y eso es inaceptable... Tengo tantas dudas respecto a esa luz. Tengo dudas, y punto, y eso me es ajeno, extraño; no estoy acostumbrado a tal misterio. Por tales motivos me remito a lo observable y, en consecuencia, deducible.

La luz está, y sobre ustedes brilla. ¿Qué uso van a dar de ella? No me incumbe. Mas quisiera al menos saber que, de una manera u otra, la van a usar. Porque tengo la sospecha de que para eso está.

Usenla.

viernes, 25 de enero de 2013

No sé.

Quería escribir algo pero francamente no sé qué.

Estoy en un estado tan pleno de tranquilidad que ni siquiera me dan ganas de expresar nada a través de este portal.

Quizá después vuelva con algo interesante... Quizá. Pero no mañana. Mañana tengo planes (?)

Yo antes no usaba el "(?)"...

Ah, l'amour...

miércoles, 26 de diciembre de 2012


Había una vez un joven que sabía demasiado. No más de lo que debería saber por su propio bien, no; en cambio, este joven sabía más de lo que mucha gente desea saber durante sus vidas enteras. Conocimientos tan poderosos que su portador tiene la habilidad de cambiar el mundo a su antojo.

Este joven entiende el mundo, y es esta su carga. Este joven hombre despertó un día y enfrentó la repentina visión de la Verdad: allí a donde viese, fuera lo que fuese, ahora lo entendía. ¿Qué, exactamente, veía él ahora? La lógica detrás de todo. O, quizá, la falta de la misma. De ser lógica, de algo estaba seguro: era fría, despiadada. Al conocer la naturaleza de esta lógica, el joven entendió por qué a tantos hombres le costó siempre tanto alcanzar este conocimiento. Quizá su propio sentido de aquello que está bien y aquello que no dictaba que este tipo de lógica, en un mundo de bien, no tiene lugar. Ergo, de existir tal lógica, de tal naturaleza, no podría afirmarse que este mundo es uno de bien. ¿Y a quién le gusta admitir eso?

Este joven hombre despertó un día y se dio cuenta de que este mundo está irremediablemente podrido hasta su núcleo mismo. De que nuestra sociedad fue diseñada a medida, hace muchos, muchos años pero en un proceso que, aunque sus resultados pueden observarse a pleno hoy, aún continúa, encontrándose en su etapa final. Diseñada a medida para adaptarse a las necesidades y los caprichos de tan pero tan pocos, a expensas de tantos otros. Y también se dio cuenta de que esto no cambiaría pronto. A menos...

A menos que él hiciera algo al respecto.

Y lo haría.

Él habría de reducir este mundo a cenizas.

Este joven quería que el mundo ardiera, para luego comenzar nuevamente, renacer, como el mítico Ave Fénix de las leyendas. Este joven, a diferencia de tantos, tantos otros poseedores de este conocimiento previos a él, había decidido hacer algo al respecto. Había encontrado una manera, sí. Y estaba determinado a llevarlo a cabo.

Hasta que encontró el amor. O mejor dicho, el amor lo encontró a él.

Ni él sabe como sucedió ni es esto algo que le parezca relevante en estas instancias. Todo lo que ahora sabía era que ya no era el mismo.

Después de eso, este joven ya no quería que el mundo ardiera, para luego comenzar nuevamente y renacer, como el mítico Ave Fénix de las leyendas. Principalmente porque ahora necesitaba al mundo. Sí, incluso en este estado en que se encontraba el mundo, este joven lo necesitaba. Porque este mundo era su hogar, pero mucho más importante aún, el de su amada. Y él quería estar con ella. Y eso simplemente no era posible si el mundo habría de arder.

Así que no redujo este mundo a cenizas. Y mientras más tiempo pasaba, menos recordaba haber alguna vez querido hacerlo. Hasta que un día simplemente olvidó: ese conocimiento, esa Verdad tan codiciada por tantos, que él por voluntad y obra de la Dama de la Fortuna había hallado... Simplemente la dejó ir. El joven dejó que las ideas de destrucción y purificación abandonaran su mente. Porque estas ideas no le incumbían ahora; simplemente no le parecían importantes. Porque se olvidó de ellas. Y siguió adelante. Vivió. Dichoso. Feliz.

Porque como decía Thomas Gray: "Si la ignorancia trae la felicidad, es de locos ser sabio."

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ya no sé como es la cosa.

Lo único que sé en este momento es que la extraño con locura. Lo que no sé es qué fue exactamente lo que hizo en mí.

Fuere lo que fuere, es positivo. En extremo. Más o menos tan positivo como decir que es lo mejor que me pasó en mi corta (aunque a veces parece que hubiese sido eterna) vida.

Pero nada de eso quita que en mí permanezca la interrogante: ¿cómo cambió, exactamente, todo? Tengo dos teorías:

(1) Estar con ella me hace excepcionalmente feliz, más de lo que tengo permitido ser mientras ella no está. Esta teoría postula que cada momento que paso con ella es tan perfecto que todo instante en que se ausenta de mi lado, en comparación, carece de todo sentido; pero, sin embargo, esos instantes sin ella son, en sí, mi vida y en lo que esta consiste.

(2) Estar con ella saca el "yo" que debería estar presente siempre. Según esta teoría, estoy destinado a ser feliz, y es lo que debo ser, y al ser los momentos a su lado los que me elevan a ese nivel de felicidad, se entiende que es mi destino, si he de ser feliz, permanecer a su lado y que ella permanezca al mio. Entonces se deduce que los momentos erróneos, "incorrectos", sin sentido, son aquellos en que no estoy con ella.

Por si no se notó, mi favorita es la segunda teoría.

Sin embargo, nada de esto es relevante. Simplemente porque indiferentemente de qué tan importante sea ella para mí, y que tanto necesito estar a su lado, su presencia requisito de mi felicidad... No va a cambiar nada. Es decir, no importa que tanto piense en esto y lo escriba, no va a modificar nada. Quizá porque no lo permiten las circunstancias. Quizá porque le incomode leer esto, y prefiera hacer de cuenta que nunca lo leyó. O quizá porque simplemente no comparte la profundidad de mi amor, siendo incapaz de sentir por mí, no afecto ni apego, sino esta adoración, este desmedido amor que yo siento por ella, con la intensidad con la que lo siento yo. Y es en este momento en que siempre se genera esa incómoda pregunta... ¿Debería importarme esto? ¿Debería siquiera tomarlo en consideración? ¿Debería quizá hasta preocuparme de seguir así?

No sé. Y francamente, no quiero ni pensar en ello. No tanto porque le tenga miedo a la respuesta (que sí lo tengo) sino porque, al menos en este momento, es una cuestión irrelevante, inofensiva... Claro que si en un futuro se vuelve un problema, voy a arrepentirme de no haber pensado en ello ahora.

Pero en fin. Basta con eso de pensar, Iván. Yo también la extraño de una manera exagerada, pero ni yo ni vos podemos hacer nada para cambiarlo. Habrá que seguir esperando.

Hasta entonces.

viernes, 7 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

05: Fin

-Espero no verte más.
-...
-La idea sería no verte más.
-...
-...Nunca más.
-...
-...
-...

-Chau.

-...Chau.

domingo, 25 de noviembre de 2012

04: Silencio

-¿Hola?
-...
-¿Estás?
-...
-¿No, no?
-...
-Así me gusta.
-...Te odio.
-Yo también. Pero callado no jodés. Callado no existís, y eso está bien.
-¡Pero necesitás-!
-No. ¿Qué dije? Callado.
-...
-Bien.
-...
-Creeme que es por tu bien también. Cuando te acostumbres...
-...
-Cuando te acostumbres me lo vas a agradecer... Jeje.

domingo, 11 de noviembre de 2012

03

- Bueno, pero-
- Nada.
- Escuchame, ¿no te acordás de-?
- No. Nada.
- Pero, ¿y el-?
- Te callás. Hoy vos no hablás.
- Entonces tampoco hablás vos.
- Exacto. Hoy reina el silencio.
- ¿Te parece bien eso?
- Me parece perfecto.

sábado, 10 de noviembre de 2012

01

- Felicitaciones.
- Igualmente.
- ¿Cuánto creés que va a durar?
- Si te quedás callado, mucho.
- ¿Y si no?
- Si no, te voy a callar yo.
- ¿Sabés que no vas a poder, no?
- Voy a intentar.