miércoles, 26 de diciembre de 2012


Había una vez un joven que sabía demasiado. No más de lo que debería saber por su propio bien, no; en cambio, este joven sabía más de lo que mucha gente desea saber durante sus vidas enteras. Conocimientos tan poderosos que su portador tiene la habilidad de cambiar el mundo a su antojo.

Este joven entiende el mundo, y es esta su carga. Este joven hombre despertó un día y enfrentó la repentina visión de la Verdad: allí a donde viese, fuera lo que fuese, ahora lo entendía. ¿Qué, exactamente, veía él ahora? La lógica detrás de todo. O, quizá, la falta de la misma. De ser lógica, de algo estaba seguro: era fría, despiadada. Al conocer la naturaleza de esta lógica, el joven entendió por qué a tantos hombres le costó siempre tanto alcanzar este conocimiento. Quizá su propio sentido de aquello que está bien y aquello que no dictaba que este tipo de lógica, en un mundo de bien, no tiene lugar. Ergo, de existir tal lógica, de tal naturaleza, no podría afirmarse que este mundo es uno de bien. ¿Y a quién le gusta admitir eso?

Este joven hombre despertó un día y se dio cuenta de que este mundo está irremediablemente podrido hasta su núcleo mismo. De que nuestra sociedad fue diseñada a medida, hace muchos, muchos años pero en un proceso que, aunque sus resultados pueden observarse a pleno hoy, aún continúa, encontrándose en su etapa final. Diseñada a medida para adaptarse a las necesidades y los caprichos de tan pero tan pocos, a expensas de tantos otros. Y también se dio cuenta de que esto no cambiaría pronto. A menos...

A menos que él hiciera algo al respecto.

Y lo haría.

Él habría de reducir este mundo a cenizas.

Este joven quería que el mundo ardiera, para luego comenzar nuevamente, renacer, como el mítico Ave Fénix de las leyendas. Este joven, a diferencia de tantos, tantos otros poseedores de este conocimiento previos a él, había decidido hacer algo al respecto. Había encontrado una manera, sí. Y estaba determinado a llevarlo a cabo.

Hasta que encontró el amor. O mejor dicho, el amor lo encontró a él.

Ni él sabe como sucedió ni es esto algo que le parezca relevante en estas instancias. Todo lo que ahora sabía era que ya no era el mismo.

Después de eso, este joven ya no quería que el mundo ardiera, para luego comenzar nuevamente y renacer, como el mítico Ave Fénix de las leyendas. Principalmente porque ahora necesitaba al mundo. Sí, incluso en este estado en que se encontraba el mundo, este joven lo necesitaba. Porque este mundo era su hogar, pero mucho más importante aún, el de su amada. Y él quería estar con ella. Y eso simplemente no era posible si el mundo habría de arder.

Así que no redujo este mundo a cenizas. Y mientras más tiempo pasaba, menos recordaba haber alguna vez querido hacerlo. Hasta que un día simplemente olvidó: ese conocimiento, esa Verdad tan codiciada por tantos, que él por voluntad y obra de la Dama de la Fortuna había hallado... Simplemente la dejó ir. El joven dejó que las ideas de destrucción y purificación abandonaran su mente. Porque estas ideas no le incumbían ahora; simplemente no le parecían importantes. Porque se olvidó de ellas. Y siguió adelante. Vivió. Dichoso. Feliz.

Porque como decía Thomas Gray: "Si la ignorancia trae la felicidad, es de locos ser sabio."

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ya no sé como es la cosa.

Lo único que sé en este momento es que la extraño con locura. Lo que no sé es qué fue exactamente lo que hizo en mí.

Fuere lo que fuere, es positivo. En extremo. Más o menos tan positivo como decir que es lo mejor que me pasó en mi corta (aunque a veces parece que hubiese sido eterna) vida.

Pero nada de eso quita que en mí permanezca la interrogante: ¿cómo cambió, exactamente, todo? Tengo dos teorías:

(1) Estar con ella me hace excepcionalmente feliz, más de lo que tengo permitido ser mientras ella no está. Esta teoría postula que cada momento que paso con ella es tan perfecto que todo instante en que se ausenta de mi lado, en comparación, carece de todo sentido; pero, sin embargo, esos instantes sin ella son, en sí, mi vida y en lo que esta consiste.

(2) Estar con ella saca el "yo" que debería estar presente siempre. Según esta teoría, estoy destinado a ser feliz, y es lo que debo ser, y al ser los momentos a su lado los que me elevan a ese nivel de felicidad, se entiende que es mi destino, si he de ser feliz, permanecer a su lado y que ella permanezca al mio. Entonces se deduce que los momentos erróneos, "incorrectos", sin sentido, son aquellos en que no estoy con ella.

Por si no se notó, mi favorita es la segunda teoría.

Sin embargo, nada de esto es relevante. Simplemente porque indiferentemente de qué tan importante sea ella para mí, y que tanto necesito estar a su lado, su presencia requisito de mi felicidad... No va a cambiar nada. Es decir, no importa que tanto piense en esto y lo escriba, no va a modificar nada. Quizá porque no lo permiten las circunstancias. Quizá porque le incomode leer esto, y prefiera hacer de cuenta que nunca lo leyó. O quizá porque simplemente no comparte la profundidad de mi amor, siendo incapaz de sentir por mí, no afecto ni apego, sino esta adoración, este desmedido amor que yo siento por ella, con la intensidad con la que lo siento yo. Y es en este momento en que siempre se genera esa incómoda pregunta... ¿Debería importarme esto? ¿Debería siquiera tomarlo en consideración? ¿Debería quizá hasta preocuparme de seguir así?

No sé. Y francamente, no quiero ni pensar en ello. No tanto porque le tenga miedo a la respuesta (que sí lo tengo) sino porque, al menos en este momento, es una cuestión irrelevante, inofensiva... Claro que si en un futuro se vuelve un problema, voy a arrepentirme de no haber pensado en ello ahora.

Pero en fin. Basta con eso de pensar, Iván. Yo también la extraño de una manera exagerada, pero ni yo ni vos podemos hacer nada para cambiarlo. Habrá que seguir esperando.

Hasta entonces.

viernes, 7 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

05: Fin

-Espero no verte más.
-...
-La idea sería no verte más.
-...
-...Nunca más.
-...
-...
-...

-Chau.

-...Chau.

domingo, 25 de noviembre de 2012

04: Silencio

-¿Hola?
-...
-¿Estás?
-...
-¿No, no?
-...
-Así me gusta.
-...Te odio.
-Yo también. Pero callado no jodés. Callado no existís, y eso está bien.
-¡Pero necesitás-!
-No. ¿Qué dije? Callado.
-...
-Bien.
-...
-Creeme que es por tu bien también. Cuando te acostumbres...
-...
-Cuando te acostumbres me lo vas a agradecer... Jeje.

domingo, 11 de noviembre de 2012

03

- Bueno, pero-
- Nada.
- Escuchame, ¿no te acordás de-?
- No. Nada.
- Pero, ¿y el-?
- Te callás. Hoy vos no hablás.
- Entonces tampoco hablás vos.
- Exacto. Hoy reina el silencio.
- ¿Te parece bien eso?
- Me parece perfecto.

sábado, 10 de noviembre de 2012

01

- Felicitaciones.
- Igualmente.
- ¿Cuánto creés que va a durar?
- Si te quedás callado, mucho.
- ¿Y si no?
- Si no, te voy a callar yo.
- ¿Sabés que no vas a poder, no?
- Voy a intentar.

viernes, 9 de noviembre de 2012

02: Confrontación

- ¿Vos también la notaste, no?
- ¿Exactamente a qué te referís esta vez?
- La asimetría. ¿La notaste?
- ...La noté.
- ¿Notaste, entonces, también, que allí radica tu problema?
- Lo noté.
- Es entonces seguro afirmar que notaste también el sinsentido de todo este planteo, al analizarlo bien.
- Lo noté.
- ...¿Y?
- Estás mal.
- ¿Disculpame?
- Estás mal. Vos mismo lo dijiste: estas "problemáticas" del "planteo" salen a la luz "al analizarlo bien". Ahí es donde demostrás, oh gran analizador, tu erróneo punto de vista.

Esto no se analiza. Esto no se piensa. No se somete a lógica ni escrutinio.

Todas estas cosas que me nombrás, las noté. ¿Sabés por qué mi insistencia con el "planteo", entonces?

Porque ninguna de ellas me importa.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Fin

No consigo nada así. Me perjudica más de lo que me beneficia.

Por eso hoy digo basta. Por mí, sí... Pero principalmente por vos.

Y esto último lleva entonces a más preguntas, y más paranoias, y más de mis estupideces auto-producidas, y yo sólo me arruino la noche.

:/

sábado, 3 de noviembre de 2012

Hoy. Hoy la alegría, la completa, total e inadulterada alegría, gana. Y gano yo. Es felicidad, no hay con qué darle. Pura y absurdamente genial felicidad. Hoy no hay negativos. Sólo felicidad.

domingo, 28 de octubre de 2012

La ansiedad. La ansiedad que por supuesto existe siempre, dentro de lo común, de lo normal, dirían, pero que sólo alcanza su potencial máximo y más peligroso, que sin embargo no representa peligro real alguno, cuando pienso en ella. En ella y en el futuro. Un futuro que tiene tantas probabilidades de no existir como de sí. Más, incluso, quizá, de no. Pero eso a fin de cuentas es irrelevante, ya que ni una situación ni la otra, por más parcial que pueda ser yo en mis esperanzas y deseos, me evitará que hoy, ahora, en este momento, y en el futuro cercano y previsible hasta el esperado viraje por sí o por no, esa ansiedad me carcoma. Como dije, no presenta peligro real, pero con ello quizá me refería más a algo físico o expuesto, demostrado. El dolor existe igual, esa ansiedad duele. Y como dije, me carcome. Me carcome, y es horrible, y es, ante todo, innecesario - y cabe destacar, autoinfligido. Sé que es normal y mundana una ansiedad en un período de cortejo, si así me permito llamarle, con las incertidumbres e incógnitas que plantea (es mi opinión que si no se dieran estos misterios, no valdrían la pena ni el proceso ni el resultado.) Entonces, repito, sé que es normal tal ansiedad... Pero en mí es diferente. En mí no es cuestión de esperar y sacarse la duda. En mí es una explosión perpetua y repetidamente detonada, que en cada nueva expansión larga hacia todos lados, en todas maneras y dimensiones, pequeños fragmentos de metralla, metralla que es ideas, pensamientos, pero principalmente, teorías... Teorías conspirativas escritas, fundamentadas y concluidas por mi mente - es decir, por mí mismo. Y yo, el yo con el que más contacto siento, el yo que "controlo", que no es el mismo que produce tales teorías, sin embargo, cree todas y cada una de estas construcciones falsamente argumentativas que profetiza mi mente. Por más contradictorias que fuesen entre sí. Si una teoría dijera "Ella te odia" y la otra "Ella te ama", mi mente encontraría la forma de venderme la conexión entre ambas, me diría "Ella odia amarte y ama odiarte, te odia para no amarte y te ama para no odiarte", y fin de discusión: mi yo aproximado/cercano compra. Es engañado, lo sé: no hay una atisbo de verdad en ninguna de las teorías que se me entregan por ese "genio maligno" descrito por René Descartes - no importa que tanto crea en ellas, conozco el vacío de las verdades que promociona. Puede que algunas de esas teorías se demuestren acertadas en un futuro: esto es irrelevante. Siguen siendo mentiras autoproducidas, ya que no existe ningún tipo de evidencia de su veracidad, y yo lo sé. Mi mente lo sabe, por ende yo lo sé, y lo sé. Y sin embargo, caigo. Porque me odio, Doctora, me odio. Aunque al verme a un espejo puedo esbozar una honesta mas tímida sonrisa, en algún plano de mi existencia, por más o menos superficial que pueda ser, me odio. ¿Por qué ese odio hacia la propia persona? Siempre hay cientos de motivos posibles para tal cosa, desde lo físico hasta, a veces, incluso, lo ajeno. Sin embargo ninguna de estas dos es fundamento ni explicación para mi auto-desprecio, ni tampoco lo parecen ser esos grises intermedios, que no incluyen ni la anatomía ni lo ajeno pero que se comprenden en el espectro dibujado entre uno y otro. Entonces, ¿por qué el odio, y por ende por qué la ansiedad? Mi teoría más plausible - y estas teorías no tienen nada en común con las distribuidas-por-explosión que describía antes ya que las produce mi yo-aproximado y no mi yo-autodestructor - es que estos horribles sentimientos hacia mí mismo parten de lo que se llamaría un "trauma", una marca de años atrás... Sin embargo no es tiempo ni lugar, no es contexto para tal monólogo de mi parte. Hablar de tales cosas sería contraproducente, generando más daños de los que ayudará a reparar - si hubiera tales. Por este motivo es que me obligo a parar de hablar ahora. Por mi propio bien, principalmente. No escuchará, Doctora, entonces, el fin de la historia, que hablando en serio y sin dramatizaciones, no es más que un conjunto de especulaciones autorelativas repletas de, basadas y envueltas en memorias. La aburriría si le contara ahora, en este lugar, Doctora, de ello, pero si por algún motivo le llegara a interesar, no tiene más que preguntarme fuera de este ámbito, y con gusto entablaré en esa profunda plática que tanto trataba evitar en el pasado, pero que tan bien me haría hoy día. En fin, como dije, me detengo, por mi bien y el suyo. Hasta la próxima sesión.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Qué ganas de hacerme la cabeza, por Dios. Ahora me siento el boludo más grande de la galaxia.

sábado, 6 de octubre de 2012

Siento que nada es suficiente para ella. Y lo peor: sé que ella no se siente así. Pero yo tengo ese asunto, esa interna entre lógica, sentimientos y realidad que me deja en general al borde, y en repetidas ocasiones adentro, del autoboicot. La paranoia. Qué difícil es convivir con esto. Pero se puede.

Decía. Al sentir que nada es suficiente, mejor dicho suficientemente bueno, que nada la va a satisfacer, se me hace difícil la cosa. Pero por mí sólo, claro. Es exclusiva culpa mía. Creo que esa idea se corresponde a la definición de un amor platónico, ¿no? El tema ese de ver a la amada como a un ser celestial inalcanzable, cual diosa olímpica. Es más, miento: en los mitos, aquellas divinidades eran más accesibles a los meros mortales de lo que es ella para mí. Eso dice mi mente.

Pero no es así, no es así, me lo repito y me lo tengo que seguir repitiendo hasta creérmelo por completo. Sin embargo, puedo anunciar con orgullo y satisfacción, pequeños y pequeñas lectores y lectoras (si los/las hay), que estoy mucho mejor en este campo que hace un tiempo, desde hace unas semanas. Ya la veo de vuelta como la persona que es, en vez de verla como esa idealización inalcanzable, perfecta que veía antes en ella. Eso es excelente, y creo que se debe a que ahora hablo de vuelta con ella, y regularmente. Así como un cristiano pide el pan de cada día, yo llegué a un punto en que me auto-planteo tener la charla con ella de cada día. Bah, charla no, al menos un intercambio. Un "hola", mínimo, y lo que surja a partir de él. Esto me está dando un excelente resultado hasta ahora... Y quiero creer que a ella le gusta más así, también.

Entonces sigo con eso, yo. Sigo pensando a qué invitarla el fin de semana que viene. Sí, de eso venía todo. A ver si ahora lo pienso de una manera un poco más objetiva.

Porque, acordate, Iván: ella es humana, una persona, una mujer.

No es una diosa del Olimpo.

Aunque, sí, tiene la inteligencia y belleza de una.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Volver

Oh sí, después de un año y algo, vuelvo. Y por algún motivo se borró la última entrada, anterior a esta. Afuera lo viejo y adentro lo nuevo, supongo!

Bueno, sí, así es, damitos y caballeritas. Volvió el gil que le escribe al éter y a las ánimas de la Internet. Ahora 100% más gracioso, y 420% más meloso y cursi. Enamorado, es decir. Decía el poeta que no existen los artistas enamorados, ya que el amor reemplaza la necesidad de expresar a través del arte.

A partir de hoy este blog se va a dedicar, de a una entrada por vez, a refutar a ese poeta.